A pesar de los
frecuentes anuncios del Ejecutivo Nacional, de crear el Plan Nacional del Agua,
reorientar el trasvase que transfiere agua del Lago de Valencia al embalse
Pao-Cachinche, y de las amenazas de la Fiscal General de enjuiciar a quienes
hablen del tema, lo que brilla por su ausencia son las obras y los resultados
concretos en beneficio de la salud pública. Escasez, racionamiento y mala calidad son las notas distintivas del
actual servicio de agua en el país.
Luis M. García P.
“El agua es vida”, rezaba el slogan del
desaparecido Instituto Nacional de Obras Sanitarias INOS, antecesor de lo que
hoy conocemos como Hidroven, ente centralizador de las hidrológicas regionales
en Venezuela. Para ratificar esta premisa, se realizaron en el país numerosas
obras de saneamiento ambiental que incluyeron la construcción de acueductos,
plantas potabilizadoras, el Sistema Tuy I, II y III, así como los embalses que
permiten el tratamiento del agua cruda para convertirla en un producto
industrialmente procesado y saneado que es el agua potable que llega finalmente
a nuestras casas.
Para este propósito, el Estado
venezolano efectuó sustantivas inversiones que permitieron superar diversas
enfermedades endémicas que padecía nuestra población como la disentería, las
fiebres tifoideas, el temible cólera y otras generadas por la ingesta de agua
sin el debido tratamiento. Adicionalmente, al líquido servido por nuestros
sistemas de distribución se le incorporó una dosis de fluor, con lo cual se
contribuía a la prevención de deficiencias dentarias como la caries en la
población.
Todo este esfuerzo de Estado, que se
inició en los años 40 de la mano de las exitosas campañas antipalúdicas
dirigidas por el doctor Arnoldo Gabaldón, y que se sostuvo durante las décadas
de los 50, 60 y 70 del pasado siglo XX, comenzó a confrontar dificultades a
final de los 70 y principios de los 80 en virtud de la confluencia de un conjunto
de factores que incluyeron la creciente industrialización del país,
particularmente asentada en la región central, así como el incremento sostenido
de la población, lo cual condujo a que se rebasaran las capacidades de la
infraestructura sanitaria instalada hasta entonces.
Adicionalmente, y como consecuencia de
estos factores, el Lago de Valencia, conocido también como “Los Tacarigua”, que
por décadas había venido reduciendo su caudal, comenzó a crecer, producto del
vertido de aguas contentivas de desechos industriales, así como del sistema de
aguas servidas de la capital carabobeña que fue a dar a él. Todo ello condujo a
un crecimiento del volumen de agua del lago, lo cual se constituyó en una real
amenaza a urbanismos que se construyeron en las riberas del lago, como los ya
célebres La Punta y Mata Redonda, en Aragua, actualmente inundados por el
caudal del lago valenciano: todo ello sin contar la presencia de las aguas en
el espacio que ocupa el viaducto de La Cabrera, a la salida del túnel homónimo,
hoy amenazado por esta situación.
A causa del crecimiento acelerado del
caudal del lago, que ya compromete la seguridad de numerosos asentamientos
urbanos, tanto en Aragua como en Carabobo, las autoridades del extinto
Ministerio del Ambiente dispusieron el desvío de las aguas del Río Cabriales,
principal arteria fluvial de la gran Valencia, para lo que se hizo un trasvase
a través del cual una importante porción de aguas residuales se dirigen al
embalse Pao-Cachinche, ubicado entre el sur de Carabobo y el norte de Cojedes.
Recrudecen
enfermedades gastrointestinales
No obstante, esta medida ha sido
insuficiente y el Lago de Valencia sigue creciendo, por lo cual se ha
incrementado el volumen de agua trasvasado al embalse que, por otra parte,
sirve como surtidor de agua a las poblaciones de los estados Carabobo, Aragua,
Cojedes y parte de Guárico, todo lo cual suma más de tres millones de personas.
Esta situación se ha venido agravando
al punto que las plantas potabilizadoras “Alejo Zuloaga” y “Lucio Baldó Zoules”
que filtran y purifican el agua proveniente del embalse Pao-Cachinche se han
visto rebasadas en su capacidad procesadora. El embalse, a consecuencia del
trasvase, trae del Cabriales y del lago una enorme cantidad de materia orgánica
constituida por desechos sólidos, materia fecal, animales muertos, etc. pero,
adicionalmente, el caudal bombeado al Pao-Cachinche posee un alto contenido de
residuo de metales pesados, vertidos originalmente al lago por las numerosas
industrias instaladas en su cuenca. Ante esta alta concentración de elementos
químicos contaminantes como plomo, arsénico, aluminio, fósforo y otros, poco
puede hacer la cantidad de cloro que se agrega al agua para potabilizarla, al
punto de que ya el propio Ministerio del Ambiente, devenido ahora en despacho
de Ecosocialismo y Agua, ha admitido que la potabilización del agua del embalse
carabobeño “no puede hacerse por métodos convencionales” pero hasta ahora no se
emplea ningún otro procedimiento.
Por supuesto que este preocupante
cuadro que amenaza la salud pública y afecta, sólo en principio a más de tres
millones de habitantes de la región central del país, ha sido ventilado
ampliamente en los diversos medios de comunicación, tanto del centro como del
territorio nacional. Desde éstos se han hecho numerosos y sostenidos llamados
de atención para que las autoridades competentes adopten medidas que enfrenten
las causas que ya, en el presente, generan el malestar de numerosas comunidades
que reciben en sus hogares un agua con tono oscuro, sabor salobre o ácido y
olor desagradable; pero la solución no parece estar a la vuelta de la esquina.
El problema además de grave, es de muy compleja solución y, por el contrario,
amenaza con extenderse al resto del país, incluyendo la capital de la
república, donde ya se advierten los indicios.
Debido al exceso del volumen de agua
del Lago de Valencia, que tiende a superar la cota de 408 metros como se
encuentra en la actualidad para acercarse a la cota máxima de seguridad,
estimada en 412 metros, se ha iniciado un bombeo hacia el Valle del Tucutunemo
en Aragua y al embalse de Camatagua, que surte al Sistema Tuy que sirve a
Caracas. En otras palabras, se disminuye un problema redistribuyéndolo a más
regiones. De esta manera, los afectados por la dudosa calidad del agua
ascenderían de 3 a 20 millones, pues se incorporarían las poblaciones de la
gran Caracas, Miranda y Vargas.
Las voces de alerta
Ante las constantes denuncias de la
población, reflejadas en la prensa del centro y la capital del país, se
constituyó en Valencia la Asociación Civil Movimiento por la Calidad del Agua,
ONG que agrupa a ingenieros y otros especialistas que han motorizado una
campaña informativa en la cual se han involucrado entes como el Colegio de
Ingenieros de Venezuela, la Universidad de Carabobo, la UCV e incluso la
Comisión de Ambiente de la Asamblea Nacional, entre otras.
En tal sentido, el ingeniero
sanitarista Manuel Pérez Rodríguez, miembro fundador del Movimiento por la
Calidad del Agua y directivo del Colegio de Ingenieros de Carabobo, ha señalado
que “Inexorablemente el lago continuará en ascenso porque en los meses de
lluvia la cantidad de agua es infinitamente superior a los 17.400 litros por
segundo que pretenden sacar con el incremento del bombeo. Esta decisión tampoco
toma en cuenta –afirma Pérez Rodríguez- la capacidad hidráulica de los ríos
Patio y Pao, los cuales en verano, vierten un caudal de 1.300 l/seg. Artificialmente se les han agregado por las
aguas servidas de los municipios Naguanagua y Valencia algo más de 6 mil litros
por segundo. Imaginen si a esto se le añaden unos 17.400 litros por segundo”
Ratifica Pérez Rodríguez.
Todo parece indicar que los
desbordamientos denunciados en la vía Valencia-Güigüe, así como en varios
sectores urbanizados de Aragua y Carabobo obedecen a esta circunstancia.
Pedro Escarrá, expresidente del
Instituto para la Conservación del Lago de Valencia, plantea que el aumento del
volumen de líquido trasvasado del Lago hacia el Río Pao, estimado en cerca de
18 mil litros por segundo, lo cual triplica el bombeo de la actualidad: 5600
lps, sin el tratamiento adecuado, agravaría la situación precaria de los
embalses que surten al Acueducto Regional del Centro y la contaminación en el
Pao-Cachinche se extendería a la etapa 2 del Pao-La Balsa que abastece al
Estado Aragua.
Por otra parte, Andrés Perdomo,
técnico de la Comisión de Ambiente de la Asamblea Nacional declaró a un medio
de comunicación que “El 75 % del agua que llega a los hogares venezolanos está
contaminada” lo que atribuye, entre otros factores, al mínimo mantenimiento que
reciben las tuberías que conforman el sistema de distribución del líquido. Para
Raquel Hernández, asesora al servicio de la Subcomisión de Aguas de la A.N. se
está vertiendo más cloro residual en el Pao-Cachinche a fin de contrarrestar la
contaminación por materia orgánica del embalse; no obstante, este exceso expone
a la población a contraer otros padecimientos de salud como consecuencia de la
ingesta de trihalometanos, que son compuestos químicos volátiles producto de la
mezcla del cloro y la materia orgánica, lo cual se constituye en una suerte de
veneno de acción lenta que afecta la salud de los ciudadanos. Y a esto debe
agregarse la alta concentración no sólo de materia orgánica sino de metales
pesados que se mantienen en el líquido.
En una declaración suministrada en
Valencia, el Diputado al Consejo Legislativo de Carabobo, Germán Benedetti,
sostuvo que la contaminación del Lago de Valencia obedece, en mayor medida, a
las aguas servidas provenientes de Aragua, de la cual unos 3 mil litros por
segundo se están enviando, a través del Tucutunemo, a La Mariposa y Camatagua,
que sirven a la gran Caracas
La bióloga Yhilda Paredes afirma que
si se iniciara hoy la recuperación del embalse Pao-Cachimche, al menos se
requeriría de nueve años para su rehabilitación. Explica Paredes que “por la
salinidad, el sulfato de aluminio no cumple su proceso, el cual se inicia con
la atracción de partículas en suspensión que forman un grumo, lo que es llamado
“coagulación”, y que debe estar seguido por la floculación y sedimentación.
Esto no ocurre y el grumo se hace pesado, cae al fondo y se vuelve liviano y
pasa entonces a filtración por reboce, y como los filtros no están en buen
estado, se va y termina sedimentándose en nuestros hogares”.
Explica Paredes que “si dejas el agua
en un recipiente, en el fondo queda ese sedimento amarillo, cuando éste debería
quedar en la planta de potabilización y allí están las partículas que
debiéramos retirar para que el agua sea potable. Ahí van las cianobacterias, el
aluminio, nitrógeno y fósforo, todos elementos nocivos para nuestra salud”.
A estas advertencias se suma el
resultado del estudio dirigido por la doctora Lorena Benarroch, quien al frente
de un equipo médico multidisciplinario logró establecer que la ingesta de agua
contentiva de metales pesados añade un peligroso factor de riesgo de autismo en
niños, conociéndose ya algunos casos concretos. El citado estudio ha sido
expuesto en diversos foros patrocinados por el Colegio de Ingenieros de
Venezuela y por sociedades médicas del país.




