Como reseña la historia contemporánea, el pasado siglo XX
fue pródigo en episodios espectaculares, buenos, malos y peores y para muestra
un costurero: dos guerras mundiales, la revolución rusa, la revolución China, las
guerras de Vietnam y Korea, la llamada “Guerra Fría” y eventos como la llegada
del hombre a la Luna, la irrupción de la Internet, y muchos otros que, a troche
y moche, definieron la evolución del género humano.
En
ese marco, el mundo comunista, destacado siempre por los alardes
propagandísticos de sus empresas de Estado, se distinguió por la propuesta de
Stalin para transformar la vieja y feudal economía rusa en la potencia
industrial que sería la Unión Soviética, su consigna de entonces fue: “Soviet y
electricidad” y así lo logró.
| Mao Tze Tung, su Gran Salto Adelante provoca una hambruna con saldo superior a 25 millones de muertos en China |
| Joseph Stalin: su obsesión por electrificar a la URSS tuvo un cuantioso costo humano |
Así mismo, entre los años 1958 y 1961 la revolución
cultural, liderada por Mao Tse Tung impuso a los chinos su plan de superación
de la economía agraria por un esquema de colectivización como parte de un
programa diversificado de desarrollo. A esto se le llamó el “Gran salto adelante”.
Al
margen del inmenso costo humano de estos planes así como de los errores propios
de ese modelo político totalitario, China y la URSS se convirtieron en
potencias económicas y militares que las han traído hasta hoy, a pesar de los
avatares y los cambios habidos en el camino que tornaron a China en un híbrido
de modelo político comunista con una abierta economía capitalista, por una
parte, y por otra, la disolución de la Unión Soviética, mutando Rusia a la autocracia
en la que hoy ha devenido.
En
América Latina, entretanto, la revolución cubana de Fidel Castro deslumbró en
sus primeros años a muchos con el desideratum del “hombre nuevo” y los
reiterados anuncios de cosechas récord de caña de azúcar y tabaco, así como los
cacareados “avances” en materia deportiva, de educación y de salud. Si algo
funcionó en este caso fue la propaganda que pintaba lo que alguien llamó el
“mar de la felicidad”.
Sin
embargo, el tiempo y la realidad real se han encargado de mostrar el saldo de
ese copioso inventario de promesas, consignas y realidades paralelas que
intentaron, desde siempre, ocultar las terribles hambrunas de la China maoísta,
o el colapso de la economía centralizada de la extinta Unión Soviética, amén de
la vida miserable y cuasi esclavizada de pueblos como Korea del Norte, país que
hoy consagra enormes esfuerzos en su desarrollo nuclear a costa del hambre de
su pueblo.
Ya
enterado suficientemente del engaño creado y difundido, el mundo libre ha
venido descubriendo, con bastante retraso, todo el entramado construido tras la
“cortina de hierro” para mantener a cúpulas de poder centralizado, por lo cual
asiste hoy, no sin una porción de ingenuidad y sorpresa, a fenómenos políticos
y sociales como los habidos en Nicaragua y Venezuela.
La Nicaragua de hoy, la de los Ortega, no difiere mucho del
país empobrecido y sojuzgado que heredó de los Somoza, con apenas un breve
paréntesis de resuello democrático. Hoy como entonces, el pueblo clama por
libertad, trabajo y democracia, enfrentado, como en el pasado, a una dictadura
represiva, corrupta y feroz.
La ilusión de cambio
En Venezuela, la izquierda internacional “coronó” con el
triunfo electoral de Hugo Chávez en 1998. Para el momento, las consignas de
redención social, de lucha contra la corrupción y transformación política e
institucional calaron en buena parte de una población hastiada del desgaste del
sistema y de unas cúpulas partidistas alejadas del ciudadano y sus problemas.
La atractiva oferta del chavismo halló eco en medios de
comunicación que le apoyaron, así como en círculos académicos, intelectuales,
en la clase media e incluso en grandes empresarios. La opción de una “Tercera
vía” como la propuesta en el Reino Unido por Tony Blair se hizo bandera del candidato
Hugo Chávez y con ella llegó al poder.
Una vez instalado en Miraflores, Chávez inicia un lento
pero persistente proceso regresivo de la marcha del país, disimulado sólo por
el súbito y desproporcionado incremento de la renta petrolera que, por efecto
del mercado internacional ascendió, de cerca de 8 dólares el barril en 1998,
situándose un buen tiempo por encima de 120 billetes de la divisa
norteamericana, hecho que, nacionalmente quiso atribuirse a la gestión del
gobierno.
| El caudal de nuestros grandes ríos, Orinoco y Caroní, está amenazado por la depredación ambiental del Arco Minero, con impacto en la generación eléctrica |
Muy pronto comenzó la política de “rescate” de tierras.
Emblemático resultó el caso del fundo “La Marqueseña” en Barinas, que dio
comienzo al entonces llamado “Método Chaz” (Chávez-Azpúrua) y que ha sumado
hasta ahora en la expropiación de más de cuatro millones de hectáreas productivas,
calificándolas de baldías. Espacios como el “Hato Piñero” en Cojedes, otrora
rico refugio de flora y fauna es hoy un erial abandonado, testimonio del
impresionante deterioro ambiental que ha tenido como evidencia administrativa
la eliminación del Ministerio del Ambiente y como muestra irrefutable la
devastación emprendida en Guayana por lo que el régimen denomina el Arco Minero
del Orinoco.
Camino al pasado
El descuido y la falta de atención a nuestros embalses y
otras fuentes de agua dulce han provocado un gravísimo deterioro de la calidad
del agua que consumimos los venezolanos; esto sin contar con el daño masivo a
las redes de distribución de este líquido, todo lo cual conduce a que millones
de personas no tienen acceso al agua por tubería, lo cual es una involución que
se suma al retroceso general que padece el desarrollo del país.
En materia petrolera, el salto atrás ha sido de antología:
de poco más de tres millones de barriles diarios que exportaba PDVSA en 1998,
los estimados más optimistas sitúan esa exportación por debajo del millón... y
descendiendo, y esto sin añadir la severa crisis eléctrica, con actual secuela
de apagones y racionamiento, que a su vez impacta la provisión de agua potable a
la población.
En el sector de la salud la involución es pavorosa. La
malaria, la fiebre amarilla, la difteria, la tuberculosis y hasta la polio han
regresado al país luego de décadas de haber sido erradicadas. Entretanto, la
opacidad informativa en materia de estadísticas epidemiológicas intenta ocultar
la ascendente mortalidad materna e infantil, el estado ruinoso de los centros
asistenciales y el escandaloso fracaso de la política de atención paralela a
través de la llamada Misión Barrio Adentro de factura cubana, instrumentada
por elementos antillanos sin reválida en las universidades nacionales y de
dudosas credenciales; todo ello sin considerar el repunte de la desnutrición
crónica de la clase más deprimida, que amenaza con afectar el peso y la talla
de las generaciones en formación.
El ámbito económico muestra indicadores tan aterradores que
los entes que por ley deben proveer la información en este aspecto (Banco
Central, INE y Min. Planificación, entre otros) han dejado de difundir al
público tales cifras, por lo cual la ciudadanía debe acudir a los informes del
CENDAS o a la Asamblea Nacional y a veces los datos que emiten algunos entes
internacionales como la OPEP, el BID o la CEPALC, entre otros, para conocer con
estupefacción, el avance de la hiperinflación récord que vivimos y de un
empobrecimiento general que ha llevado al gobierno a quitarle ocho ceros al
valor de la moneda nacional, ha cambiar dos veces el cono monetario y a
sumergir al país en un proceso de dolarización de facto ante la vertiginosa
pérdida de valor del Bolívar.
Para el segundo trimestre de 2019 la inflación anualizada
supera el millón y medio por ciento a pesar del pronunciado estancamiento
económico que vivimos, situándonos en el peor de los mundos, el de la llamada stagflation (estancamiento con inflación) combatido por el gobierno vaciando de
oro las bóvedas del Banco Central a fin de mantener un cierto flujo de divisas
proveniente de negocios muy poco ortodoxos tanto con el oro como con el coltán
y otros minerales estratégicos cuya comercialización se realiza en un marco del
mayor misterio y opacidad. La ilusión de la “Venezuela potencia” divulgada en
la propaganda oficial es desmentida con el peso de los hechos y las realidades
inocultables.
En el tema de los derechos humanos el déficit acumulado es
cuantioso. Más de 3 millones y medio de venezolanos han abandonado el país
durante los últimos años, presionados por una situación de inseguridad que se
salda con un promedio superior a los 25 mil homicidios anuales, muchos de ellos
atribuidos a los diversos cuerpos de seguridad del Estado: las policías y la
Guardia Nacional reúnen las mayores imputaciones. A esto se le añade la
presencia de un cuerpo élite de la Policía Nacional Bolivariana denominado FAES
(Fuerza de Acciones Especiales) calificado por algunos denunciantes como una
suerte de “Escuadrón de la Muerte” o grupos de exterminio que actúan,
generalmente, amparados en las llamadas Operaciones de Liberación del Pueblo, OLP, así identificadas buscando una cierta analogía semántica con la célebre
organización palestina.
| La FAES, señalado como grupo de exterminio, junto con los "colectivos paramilitares", una evidencia de la sistemática vulneración de los derechos humanos en Venezuela |
El saldo de la crisis política, acentuada desde 2014,
muestra una importante cantidad de presos y asesinados por razones políticas,
donde figuran el concejal Fernando Albán, muerto en extrañas circunstancias en
el Sebin; el joven periodista Alí Domínguez; el piloto Oscar Pérez y su grupo,
masacrados en El Junquito; desaparecidos como Alcedo Mora (Mérida) y
parlamentarios como el diputado Juan Requesens, numerosos oficiales de las
fuerzas armadas, dirigentes políticos y líderes comunitarios de oposición. La
lista de personas asesinadas en el marco de las protestas antigubernamentales
durante el corriente quinquenio monta las cuatro cifras.
Otro elemento constitutivo del retroceso humano e
institucional que afecta al país es la grave crisis de abastecimiento.
Alimentos y medicinas han desaparecido de los anaqueles de los cada vez menos
supermercados, farmacias y otros establecimientos. Los puentes fronterizos se
constituyen en vías de escape para miles de compatriotas que a diario van a Colombia
a comprar comida, medicamentos y artículos de higiene personal ahora
inexistentes en nuestro territorio.
En el rubro del transporte asistimos a un aislamiento del
mundo por la salida de numerosas líneas aéreas internacionales. Las empresas
navieras como la estatizada Conferry han mermado su capacidad de servicio
debido al hundimiento de varias de sus naves, mientras que las grandes empresas
de transporte terrestre extraurbano han disminuido sensiblemente el número de
sus unidades en virtud de la falta de repuestos y la escasa rentabilidad de sus
operaciones. Los autobuses y camionetas para el servicio urbano decrecen en
número y aumentan sus tarifas en tanto que el el Ferrocarril de Tuy y el Metro
de Caracas, otrora orgullo de los capitalinos, colapsan en medio de retrasos y
paralizaciones frecuentes en el servicio.
Balance en rojo
| La Fuerza Armada se fortalece como principal factor de poder, no sólo militar, sino económico |
Cualquier persona, medianamente ecuánime, podrá advertir,
sin mucho esfuerzo, la ruta involutiva que ha impuesto durante las dos últimas
décadas la autodenominada “Revolución bonita”. En ese lapso,
desafortunadamente, sólo hemos crecido en materia de corrupción, en la cual se
han visto envueltas numerosas figuras del gobierno y sus socios privados.
Destaca en ese rubro la corrupción militar, tolerada y promovida como “premio a
la fidelidad”.
En la actualidad, el sector militar es propietario de
bancos, empresas mineras y petroleras, centros comerciales, medios de
comunicación y otras empresas que incluyen el control y la distribución de
alimentos. Igualmente, la presencia militar en funciones de gobierno es
escandalosamente evidente. Así, la fidelidad de la cúpula castrense ha sido
comprada, con dinero y poder, al punto que ya el parabán de la presencia civil
en Miraflores comienza a incomodarles.
Parafraseando al camarada Mao, el resultado de estos 20
años de chavismo podría sintetizarse en la expresión el "gran salto atrás” del
cual los venezolanos hemos sido y somos aún víctimas y testigos.