domingo, 14 de abril de 2019

El gran salto atrás


Como reseña la historia contemporánea, el pasado siglo XX fue pródigo en episodios espectaculares, buenos, malos y peores y para muestra un costurero: dos guerras mundiales, la revolución rusa, la revolución China, las guerras de Vietnam y Korea, la llamada “Guerra Fría” y eventos como la llegada del hombre a la Luna, la irrupción de la Internet, y muchos otros que, a troche y moche, definieron la evolución del género humano.

En ese marco, el mundo comunista, destacado siempre por los alardes propagandísticos de sus empresas de Estado, se distinguió por la propuesta de Stalin para transformar la vieja y feudal economía rusa en la potencia industrial que sería la Unión Soviética, su consigna de entonces fue: “Soviet y electricidad” y así lo logró.

Mao Tze Tung, su Gran Salto Adelante provoca
una hambruna con saldo superior a 25 millones
de muertos en China
Joseph Stalin: su obsesión por electrificar a la URSS
tuvo un cuantioso costo humano

Así mismo, entre los años 1958 y 1961 la revolución cultural, liderada por Mao Tse Tung impuso a los chinos su plan de superación de la economía agraria por un esquema de colectivización como parte de un programa diversificado de desarrollo. A esto se le llamó el “Gran salto adelante”.


Al margen del inmenso costo humano de estos planes así como de los errores propios de ese modelo político totalitario, China y la URSS se convirtieron en potencias económicas y militares que las han traído hasta hoy, a pesar de los avatares y los cambios habidos en el camino que tornaron a China en un híbrido de modelo político comunista con una abierta economía capitalista, por una parte, y por otra, la disolución de la Unión Soviética, mutando Rusia a la autocracia en la que hoy ha devenido.

En América Latina, entretanto, la revolución cubana de Fidel Castro deslumbró en sus primeros años a muchos con el desideratum del “hombre nuevo” y los reiterados anuncios de cosechas récord de caña de azúcar y tabaco, así como los cacareados “avances” en materia deportiva, de educación y de salud. Si algo funcionó en este caso fue la propaganda que pintaba lo que alguien llamó el “mar de la felicidad”.

Sin embargo, el tiempo y la realidad real se han encargado de mostrar el saldo de ese copioso inventario de promesas, consignas y realidades paralelas que intentaron, desde siempre, ocultar las terribles hambrunas de la China maoísta, o el colapso de la economía centralizada de la extinta Unión Soviética, amén de la vida miserable y cuasi esclavizada de pueblos como Korea del Norte, país que hoy consagra enormes esfuerzos en su desarrollo nuclear a costa del hambre de su pueblo.

Ya enterado suficientemente del engaño creado y difundido, el mundo libre ha venido descubriendo, con bastante retraso, todo el entramado construido tras la “cortina de hierro” para mantener a cúpulas de poder centralizado, por lo cual asiste hoy, no sin una porción de ingenuidad y sorpresa, a fenómenos políticos y sociales como los habidos en Nicaragua y Venezuela.

La Nicaragua de hoy, la de los Ortega, no difiere mucho del país empobrecido y sojuzgado que heredó de los Somoza, con apenas un breve paréntesis de resuello democrático. Hoy como entonces, el pueblo clama por libertad, trabajo y democracia, enfrentado, como en el pasado, a una dictadura represiva, corrupta y feroz.

La ilusión de cambio

En Venezuela, la izquierda internacional “coronó” con el triunfo electoral de Hugo Chávez en 1998. Para el momento, las consignas de redención social, de lucha contra la corrupción y transformación política e institucional calaron en buena parte de una población hastiada del desgaste del sistema y de unas cúpulas partidistas alejadas del ciudadano y sus problemas.

La atractiva oferta del chavismo halló eco en medios de comunicación que le apoyaron, así como en círculos académicos, intelectuales, en la clase media e incluso en grandes empresarios. La opción de una “Tercera vía” como la propuesta en el Reino Unido por Tony Blair se hizo bandera del candidato Hugo Chávez y con ella llegó al poder.

Una vez instalado en Miraflores, Chávez inicia un lento pero persistente proceso regresivo de la marcha del país, disimulado sólo por el súbito y desproporcionado incremento de la renta petrolera que, por efecto del mercado internacional ascendió, de cerca de 8 dólares el barril en 1998, situándose un buen tiempo por encima de 120 billetes de la divisa norteamericana, hecho que, nacionalmente quiso atribuirse a la gestión del gobierno.

El caudal de nuestros grandes ríos, Orinoco y Caroní, está amenazado 
por la depredación ambiental del Arco Minero, con impacto en la generación eléctrica

Muy pronto comenzó la política de “rescate” de tierras. Emblemático resultó el caso del fundo “La Marqueseña” en Barinas, que dio comienzo al entonces llamado “Método Chaz” (Chávez-Azpúrua) y que ha sumado hasta ahora en la expropiación de más de cuatro millones de hectáreas productivas, calificándolas de baldías. Espacios como el “Hato Piñero” en Cojedes, otrora rico refugio de flora y fauna es hoy un erial abandonado, testimonio del impresionante deterioro ambiental que ha tenido como evidencia administrativa la eliminación del Ministerio del Ambiente y como muestra irrefutable la devastación emprendida en Guayana por lo que el régimen denomina el Arco Minero del Orinoco.

Camino al pasado

El descuido y la falta de atención a nuestros embalses y otras fuentes de agua dulce han provocado un gravísimo deterioro de la calidad del agua que consumimos los venezolanos; esto sin contar con el daño masivo a las redes de distribución de este líquido, todo lo cual conduce a que millones de personas no tienen acceso al agua por tubería, lo cual es una involución que se suma al retroceso general que padece el desarrollo del país.

En materia petrolera, el salto atrás ha sido de antología: de poco más de tres millones de barriles diarios que exportaba PDVSA en 1998, los estimados más optimistas sitúan esa exportación por debajo del millón... y descendiendo, y esto sin añadir la severa crisis eléctrica, con actual secuela de apagones y racionamiento, que a su vez impacta la provisión de agua potable a la población.

En el sector de la salud la involución es pavorosa. La malaria, la fiebre amarilla, la difteria, la tuberculosis y hasta la polio han regresado al país luego de décadas de haber sido erradicadas. Entretanto, la opacidad informativa en materia de estadísticas epidemiológicas intenta ocultar la ascendente mortalidad materna e infantil, el estado ruinoso de los centros asistenciales y el escandaloso fracaso de la política de atención paralela a través de la llamada Misión Barrio Adentro de factura cubana, instrumentada por elementos antillanos sin reválida en las universidades nacionales y de dudosas credenciales; todo ello sin considerar el repunte de la desnutrición crónica de la clase más deprimida, que amenaza con afectar el peso y la talla de las generaciones en formación.

El ámbito económico muestra indicadores tan aterradores que los entes que por ley deben proveer la información en este aspecto (Banco Central, INE y Min. Planificación, entre otros) han dejado de difundir al público tales cifras, por lo cual la ciudadanía debe acudir a los informes del CENDAS o a la Asamblea Nacional y a veces los datos que emiten algunos entes internacionales como la OPEP, el BID o la CEPALC, entre otros, para conocer con estupefacción, el avance de la hiperinflación récord que vivimos y de un empobrecimiento general que ha llevado al gobierno a quitarle ocho ceros al valor de la moneda nacional, ha cambiar dos veces el cono monetario y a sumergir al país en un proceso de dolarización de facto ante la vertiginosa pérdida de valor del Bolívar.

Para el segundo trimestre de 2019 la inflación anualizada supera el millón y medio por ciento a pesar del pronunciado estancamiento económico que vivimos, situándonos en el peor de los mundos, el de la llamada stagflation (estancamiento con inflación) combatido por el gobierno vaciando de oro las bóvedas del Banco Central a fin de mantener un cierto flujo de divisas proveniente de negocios muy poco ortodoxos tanto con el oro como con el coltán y otros minerales estratégicos cuya comercialización se realiza en un marco del mayor misterio y opacidad. La ilusión de la “Venezuela potencia” divulgada en la propaganda oficial es desmentida con el peso de los hechos y las realidades inocultables.


En el tema de los derechos humanos el déficit acumulado es cuantioso. Más de 3 millones y medio de venezolanos han abandonado el país durante los últimos años, presionados por una situación de inseguridad que se salda con un promedio superior a los 25 mil homicidios anuales, muchos de ellos atribuidos a los diversos cuerpos de seguridad del Estado: las policías y la Guardia Nacional reúnen las mayores imputaciones. A esto se le añade la presencia de un cuerpo élite de la Policía Nacional Bolivariana denominado FAES (Fuerza de Acciones Especiales) calificado por algunos denunciantes como una suerte de “Escuadrón de la Muerte” o grupos de exterminio que actúan, generalmente, amparados en las llamadas Operaciones de Liberación del Pueblo, OLP, así identificadas buscando una cierta analogía semántica con la célebre organización palestina.

La FAES, señalado como grupo de exterminio, junto con
los "colectivos paramilitares", una evidencia de la sistemática
vulneración de los derechos humanos en Venezuela
El saldo de la crisis política, acentuada desde 2014, muestra una importante cantidad de presos y asesinados por razones políticas, donde figuran el concejal Fernando Albán, muerto en extrañas circunstancias en el Sebin; el joven periodista Alí Domínguez; el piloto Oscar Pérez y su grupo, masacrados en El Junquito; desaparecidos como Alcedo Mora (Mérida) y parlamentarios como el diputado Juan Requesens, numerosos oficiales de las fuerzas armadas, dirigentes políticos y líderes comunitarios de oposición. La lista de personas asesinadas en el marco de las protestas antigubernamentales durante el corriente quinquenio monta las cuatro cifras.

Otro elemento constitutivo del retroceso humano e institucional que afecta al país es la grave crisis de abastecimiento. Alimentos y medicinas han desaparecido de los anaqueles de los cada vez menos supermercados, farmacias y otros establecimientos. Los puentes fronterizos se constituyen en vías de escape para miles de compatriotas que a diario van a Colombia a comprar comida, medicamentos y artículos de higiene personal ahora inexistentes en nuestro territorio.

En el rubro del transporte asistimos a un aislamiento del mundo por la salida de numerosas líneas aéreas internacionales. Las empresas navieras como la estatizada Conferry han mermado su capacidad de servicio debido al hundimiento de varias de sus naves, mientras que las grandes empresas de transporte terrestre extraurbano han disminuido sensiblemente el número de sus unidades en virtud de la falta de repuestos y la escasa rentabilidad de sus operaciones. Los autobuses y camionetas para el servicio urbano decrecen en número y aumentan sus tarifas en tanto que el el Ferrocarril de Tuy y el Metro de Caracas, otrora orgullo de los capitalinos, colapsan en medio de retrasos y paralizaciones frecuentes en el servicio.

Balance en rojo

La Fuerza Armada se fortalece como
principal factor de poder, no sólo militar,
sino económico
Cualquier persona, medianamente ecuánime, podrá advertir, sin mucho esfuerzo, la ruta involutiva que ha impuesto durante las dos últimas décadas la autodenominada “Revolución bonita”. En ese lapso, desafortunadamente, sólo hemos crecido en materia de corrupción, en la cual se han visto envueltas numerosas figuras del gobierno y sus socios privados. Destaca en ese rubro la corrupción militar, tolerada y promovida como “premio a la fidelidad”.

En la actualidad, el sector militar es propietario de bancos, empresas mineras y petroleras, centros comerciales, medios de comunicación y otras empresas que incluyen el control y la distribución de alimentos. Igualmente, la presencia militar en funciones de gobierno es escandalosamente evidente. Así, la fidelidad de la cúpula castrense ha sido comprada, con dinero y poder, al punto que ya el parabán de la presencia civil en Miraflores comienza a incomodarles.

Parafraseando al camarada Mao, el resultado de estos 20 años de chavismo podría sintetizarse en la expresión el "gran salto atrás” del cual los venezolanos hemos sido y somos aún víctimas y testigos.

1 comentario:

  1. Creo que el gran aporte histórico de este pasaje rojo y sangriento que mantiene maniatados a los venezolanos, es haber logrado que el mundo le de la espalda a nuevos intentos comunistas. La diáspora de las clases venezolanas hizo su gran tarea.

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