martes, 20 de febrero de 2018

Los que fueron... y se fueron

En los ya 19 años de gobierno y cada vez más acentuado control político que el chavismo detenta en el país, mucha agua ha corrido bajo de los puentes. Durante estos largos años los venezolanos hemos visto desfilar en la cúpula del poder a un rutilante elenco de figuras, provenientes de diversos círculos políticos, económicos, culturales y sobre todo militares, que han desempeñado las tareas de Estado, primero bajo la égida del comandante Hugo Chávez y luego bajo la dirección de Nicolás Maduro.
En estas casi dos décadas hemos visto actuar a los “Patria o muerte” que han acompañado el “proceso” en toda circunstancia, leales e impertérritos ante los escándalos de corrupción, los pleitos internos, la represión, la inseguridad personal y jurídica, las escisiones y los vaivenes económicos y políticos del país, etc, etc.  Muchos de esos “duros” participan hoy del gobierno en diferentes niveles y con distintas responsabilidades.
Otro segmento del chavismo es aquel que en los tiempos de la campaña electoral de 1998 se adhirió a la causa del comandante, algunos por rechazo al establecimiento político dominante esa etapa; otros como una expresión de la entonces en boga antipolítica y unos cuantos aburridos sólo por cambiar de tercio. El caso es que de este sector han sido muchos los personajes, figuras nacionales, que, emulando al general José Antonio Páez (nada bien visto en esta época) han optado por el “Vuelvan caras” y saltado la talanquera argumentando un sinnúmero de razones que, en general, denotan una rectificación política o un claro arrepentimiento motivado por el curso que ha tomado la vida del país durante la Revolución Bolivariana.

Los “Pioneros”
Entre las figuras que iniciaron el abandono del barco bolivariano, aún sin haber participado en el gobierno, estuvieron el filósofo Ernesto Mayz Vallenilla, Rector fundador de la Universidad Simón Bolívar, quien había manifestado su simpatía por el MVR y por Chávez. Igual ocurrió con la entonces pareja integrada por Miguel Henrique Otero, editor de El Nacional y Carmen Ramia, quien incluso formó parte del primer gabinete de Chávez, al igual que otro disidente posterior, Alfredo Peña, también del mismo grupo editorial.
Otros prominentes adeptos a la causa de la entonces propuesta “Tercera vía” fueron los empresarios Gustavo Cisneros, de Venevisión y otras empresas y John Boulton de Avensa y Servivensa, líneas aéreas desaparecidas en revolución. Igual ocurrió con Luis Vallenilla y su ya desaparecido grupo Cavendes.
En el ámbito académico y político tocaron retirada el combativo editor e historiador Jorge Olavarría, la Dra. Margaritra López Maya, Luis Castro Leyva y la arquitecta Josefina Baldó. El año 2002 se produjo la primera escisión importante en las filas del chavismo con la salida de Luis Miquilena y su grupo integrado entre otros por Alejandro Armas, José Luis Faría y lo que entonces se llamó “Solidaridad”. Otra deserción temprana fue la de Carlos Genatios, nombrado Ministro de Ciencia y Tecnología y Autoridad Única a raíz de la tragedia de Vargas en diciembre de 1999.
También como consecuencia del golpe de Estado de abril de 2002 se produjo la primera gran ruptura militar con el régimen: Carlos Molina Tamayo, Efraín Vásquez Velazco, Néstor González González, el extitular de la Defensa, Raúl Salazar; Hidalgo Valero, el general Rosendo, Carlos Alfonso Martínez y un grupo de oficiales que protagonizaron meses de agitación en la Plaza Altamira debieron abandonar el país.  A ellos se añaden el comandante del 4.F Jesús Urdaneta Hernández, Carlos Aguilera y el zigzagueante Joel Acosta Chirinos.
Militares disidentes: ¿Sólo la punta del iceberg?
Digno de análisis es la sucesión de exministros, exgobernadores y otros altos funcionarios de la revolución que no sólo se han distanciado sino que adoptaron radicales posiciones críticas y de denuncia antigubernamental, entre ellos Héctor Navarro (titular de 4 ministerios en tiempos de Chávez: Educación en 2 ocasiones, Ciencia y Tecnología, Electricidad y Educación Superior), Jorge Giordani, de larga presencia en el despacho de Planificación: Ana Elisa Osorio, extitular del desaparecido despacho del Ambiente; todos ellos agrupados en la nueva formación Marea Socialista que dirige el politólogo Nicmer Evans. Otros exministros, posteriormente disidentes son los generales Herbert García Plaza y el extitular del Interior, Miguel Rodríguez Torres, quien actualmente organiza un grupo político opositor.

Exministros del chavismo, ahora en la oposición
Otro actor relevante durante los primeros tiempos del chavismo fue el general Guaicaipuro Lameda, quien fue director de la Oficina Central de Presupuesto OCEPRE y luego presidente de PDVSA, para finalmente desprenderse del sector oficial y pasar al frente antigubernamental. 
En el estrato judicial aún recodamos las polémicas ejecutorias del magistrado Luis Velásquez Alvaray y luego las de Eladio Aponte Aponte, ambos denunciantes de casos de corrupción y ahora exiliados al igual que las exdefensoras del Pueblo, Dilia Parra y Gabriela del Mar Ramírez, el fiscal del caso de Leopoldo López, Franklin Nieves, y la ex Fiscal General, Luisa Ortega Díaz, una de las recientes disidentes más connotadas. 
A esto se agrega la lista de exgobernadores y parlamentarios que se separaron de las filas rojas, algunos para denunciar y otros para huir o guardar silencio: Rafael Isea, de Aragua: David de Lima, de Anzoátegui; Liborio Guarulla, hasta hace poco de Amazonas; el capitán Antonio Rojas Suárez, de Bolívar: el general “eructo” Luis Felipe Acosta Carles, de Carabobo, Eduardo Manuit, de Guárico; Ramón Martínez, de Sucre; Henri Falcón, de Lara, actual líder del partido opositor Avanzada Progresista; así como los parlamentarios que luego de 2005 formaron el partido Podemos: Ismael García, Ricardo Gutiérrez y Juan José Molina, además de los dirigentes Pastora y Pablo Medina, venidos del PPT, el parlamentario y exalcalde de Barinas, Julio César Reyes; Rafael Simón Jiménez, el ecologista Alexander Luzardo; el exdirector de Protección Civil, general Antonio Rivero; el exrector de la UCV Luis Fuenmayor Toro; Eduardo Semtei, exvicepresidente del Consejo Nacional Electoral; el diputado oficialista Germán Ferrer (esposo de Luisa Ortega Díaz); los exalcaldes de Maturín, Numa Rojas y Warren Jiménez; 
En el sector sindical las deserciones no han sido pocas: Marcela Máspero, coordinadora de la central sindical UNT, el líder laboral petrolero Iván Freites y el alcalde de Sifontes (Bolívar) Rubén González encabezan una larga lista de trabajadores que hoy cuestionan la gestión de Nicolás Maduro.

Señalados por corrupción
A este listado de exchavistas hay que añadir una categoría sui géneris: la de quienes habiendo sido funcionarios del régimen fueron señalados por cometer actos de corrupción y luego cayeron en desgracia y se situaron en el ala crítica del gobierno, una vez que éste anunció sanciones en su contra. El más prominente, hoy por hoy, es el superministro Rafael Ramírez, expresidente de PDVSA , hombre de confianza de Chávez y miembro de la casta en el poder por más de 12 años.  Su primo Diego Salazar y gente de su entorno como Nervis Villalobos, entre más de 50 altos directivos de las empresas PDVSA y CORPOELEC. 
Otros señalados son el extesorero nacional Alejandro Andrade, Rafael Isea; el general Víctor Cruz Weffer; y el también general Herbert García Plaza.

¿Hacia el partido militar?
Paralelo a la avalancha migratoria que vive el país, el sector chavista no es ajeno a tal situación y muchos de ellos (algunos con cuantiosas fortunas, otros no) se han instalado en el exterior. Entretanto, el desmoronamiento institucional y económico que atraviesa la nación se refleja también en las filas oficiales que sienten el desprendimiento de sus adeptos, quienes o bien abandonan el territorio nacional o se suman a las masas descontentas que crecen silenciosa pero persistentemente. 

Militares: cada vez con mayor poder en Venezuela
Ante tal circunstancia, el estamento militar viene ocupando los espacios vacíos de poder que dejan aquellos que rompieron su pacto de solidaridad con el chavismo o mejor dicho, el madurismo. Ejemplo de ello es el pase a los militares del control de la industria petrolera, concretado oficialmente con el nombramiento en la presidencia de la empresa del general de la GNB Manuel Quevedo. Para comienzos de 2018 las Fuerzas Armadas controlan, formalmente PDVSA, la actividad minera, la importación y distribución de alimentos, y para sustentar su poder poseen ahora un banco (Banfanb), empresas de seguros como “Horizonte”, centros comerciales a través del IPSFA, y una televisora: FANB.TV, todo ello sin contar la presencia de militares activos y retirados al frente de ministerios, gobernaciones, empresas del Estado y mixtas, alcaldías y curules en la cuestionada Asamblea Nacional Constituyente, empleando -por ahora- la plataforma electoral del PSUV. Al tradicional control de la seguridad y orden público (donde no son nada sobresalientes) los verdeoliva suman ahora el control político y económico. Visto así, el ascenso a la cima del poder ejecutivo, sin parabanes ni intermediarios, parece inminente. 
En medio de un cuadro de sanciones económicas y políticas internacionales, aplicadas por los Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea y diversos países de América Latina, además de una creciente insatisfacción popular por la compleja crisis social y humanitaria que afecta a la población, y que se manifiesta en un sinnúmero de protestas, saqueos de comercios, interceptación de camiones distribuidores de alimentos en las vías principales del país y numerosas movilizaciones en diversas regiones, todas ellas silenciadas por la férrea censura  impuesta de múltiples maneras a los escasos medios independientes que aún sobreviven, el sector castrense ha maniobrado para mantener una fachada de gobierno civil cuyos integrantes serían los responsables y acreedores del elevado costo político derivado de la crítica situación que deteriora sensiblemente las condiciones de vida de la gente. Tal vez este contexto ha contenido a los líderes uniformados en una acción de toma definitiva del poder que, por lo demás, podría ser efímera ante la necesidad y el clamor de cambio de modelo político que el mundo exige a la casta gobernante en la Venezuela de 2018.
Otro factor que ha diferido la asunción definitiva del gobierno por parte de las fuerzas armadas es el no menos severo conflicto interno que allí prevalece. Al igual que en el país civil, en los componentes armados hay un grupo cupular que apoya el presente statu quo mientras que en el resto de la milicia se suceden protestas constantes que hasta ahora han sido sofocadas con éxito por los altos mandos. Sin embargo, es clara y evidente la falta de cohesión y unanimidad, es más, la fractura existente en los componentes armados en los cuales no se ve con simpatía la injerencia de militares cubanos y de otras procedencias, así como la participación de grupos paramilitares “colectivos” en tareas dispuestas de manera exclusiva a las FAN (Eje. La Masacre de El Junquito). Todo ello sumado a las carencias socioeconómicas que también afectan al personal de tropa, suboficiales y oficiales hasta los grados medios y a sus familias.
En este marco, también en el seno de la institución armada se viene produciendo un callado distanciamiento de las políticas gubernamentales a la vez que la cúpula castrense exhibe un cada más abierto y comprometido discurso político: se habla de patriotismo y soberanía, de independencia y autodeterminación, y sus voceros, líderes multisoleados, en casi 20 años no han hecho lo más mínimo por recuperar ni un milímetro de nuestra zona en reclamación; han permitido -y patrocinado tal vez- la injerencia extranjera en la propia institución castrense, han guardado silencio ante la venta, deterioro o liquidación de activos del país; han permitido la conversión de nuestras fronteras en territorio de confrontación entre la guerrilla colombiana, los paramilitares y el narcotráfico; han aceptado la exploración y explotación de minerales y petróleo en la zona del Esequibo y en nuestra zona marítima económica exclusiva y han silenciado todo un entramado de corrupción vinculado al contrabando de combustible y otros productos en áreas cuya custodia y defensa les corresponde. Todo esto mientras insisten en su intento por persuadir a sus filas de la disciplina, obediencia y subordinación debida a sus superiores jerárquicos y mostrar a los civiles un dudoso apoyo de todo el sector al régimen imperante. 

Incertidumbre  

En los días que corren el clima sicológico y espiritual de la república se resume en una palabra: incertidumbre, no obstante, esta eventual desesperanza o apatía ciudadana no es resignación ni entrega; la gente está en la calle, movida por el hambre y la ira, por el deterioro de los servicios públicos, por la hiperinflación, la corrupción impune y rampante y por la criminalidad creciente. Todo esto lo siente y lo padece la gran mayoría de los venezolanos, buena parte de la cual creyó alguna vez en la utopía chavista: fue y se fue decepcionada y engañada que hoy, como en la obra de Rómulo Gallegos, sufre y espera el final de la barbarie, la caída del miedo y ve en Altamira, otra vez, el símbolo del país de cambio que necesitamos, exigimos y merecemos.

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