miércoles, 3 de mayo de 2017

Frente a la constituyente


Luis M. García P.

    El primero de mayo de 2017 fue un primero de mayo distinto. Distinto conforme a la tradición impuesta por la revolución bolivariana, de anunciar aumentos de salario y otras medidas populistas, pues ésto ocurrió el día anterior, y sobre todo, distinto porque fue la fecha escogida por Nicolás Maduro para anunciar la convocatoria a una “Asamblea Constituyente Comunal” como respuesta evidente a los clamores del país que exigen la realización de elecciones como opción de salida a la cada vez más aguda crisis institucional, política y social que sacude hoy por hoy al país.

Gracias a la maniobra fraudulenta de Maduro y
sus aliados la constitución de 1999 es ahora "la moribunda"

En medio de la algarabía generada por el auditorio teletransportado desde los cuatro puntos cardinales de Venezuela hasta la Avenida Bolívar de Caracas, Maduro dió a conocer su idea de convocar, este año, una Asamblea Constituyente. Horas después, esa misma noche, reunió en Miraflores al consejo de ministros y a otro grupo para adelantar detalles del proyecto, firmar el decreto de convocatoria y designar una comisión presidencial, integrada por ministros, parlamentarios y otros abogados -todos chavistas- que tendrá la tarea de confeccionar una suerte de alfombra jurídica que dé piso legal al gobierno de facto cuyas ejecutorias arbitrarias e ilegales ya no caben en el vigente texto constitucional de 1999.


    Resulta claramente evidente que la vigente carta magna, aprobada en referendum hace 17 años, resulta sumamente incómoda a un gobierno abiertamente autoritario, entre otras cosas porque el texto de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, pauta, entre otros temas, el control político de los poderes por parte de la Asamblea Nacional, la inmunidad de los parlamentarios, la aprobación de todas las operaciones que supongan contraer deuda pública, la aprobación de los presupuestos anuales de gastos de la nación, etc. Todo lo cual, fijado entre las atribuciones del Poder Legislativo en los artículos 186 al 187, ha desconocido olímpicamente el Ejecutivo Nacional en claro y ostensible desacato a la carta fundamental.

    No conforme con ello, el gobierno subvierte las normas referidas a los estados de excepción y de emergencia económica, pues no sólo argumenta razones falaces para su implantación como la ficticia “guerra económica” sino que lustra sus botas militares con el texto constitucional cuando excede, hasta por cinco veces, el plazo máximo establecido para estos casos que sólo alcanza a 90 días y una sola prórroga por un lapso similar. Todo ello previsto en los artículos 338 y 339 del texto fundamental.

    Hemos llegado a una etapa en la cual resulta difícil encontrar un artículo de la “bicha” que no sea sistemáticamente violado por el régimen: se prohíbe el uso de armas y substancias tóxicas en manifestaciones (art. 68), y no sólo ahogan con gases a marchistas sino agreden a vecinos inocentes en sus casas, enfermos en clínicas y hospitales y niños en las escuelas. La represión como práctica cotidiana.

    Si nos paseamos por los derechos sociales de la población, reconocidos en la CRBV en vigencia, al menos formal, apreciamos que el más importante, el derecho a la vida, está quebrantado masivamente con un promedio superior a 25 mil muertes por homicidios al año; todo ello sin contar a los miles que mueren de mengua en los hospitales, sin vacunas, sin medicamentos y en manos de aprendices de brujo provenientes del exterior. Y eso sin mencionar la desvencijada infraestructura y la carencia y obsolescencia de equipos en los servicios sanitarios.

    Conocido, y sobre todo sufrido es el rebuscado trámite que debe cumplir cada ciudadano para procurarse el alimento. Violando el elemental derecho a la supervivencia, el régimen condiciona el derecho a comer a la suscripción de un “Carnet de la Patria” con el cual se consagra el apartheid político de nuevo cuño y se traslada a la alimentación de la gente que, a altas horas de la noche y luego de horas de espera en cola, recibe cada mes, o mes y medio, su raquítica ración de alimentos regulados, traídos en su mayoría de otros países donde el gobierno promueve la agricultura, la industria y el empleo, en desmedro de los nacionales.

    En el plano económico la violación expresa a la constitución es notable: el irrespeto a la propiedad privada, garantizada en el Art. 115, no sólo de las grandes empresas, sino de modestos emprendimientos familiares cuyo esfuerzo de años se ve truncado por la “toma” o el saqueo de grupos paramilitares que actúan con impunidad y bajo la protección de los cuerpos de seguridad.  La liquidación del valor del Bolívar es incontrovertible: en 1999 un bolívar de antes se cambiaba en Cúcuta por 16 pesos; hoy se necesitan cerca de 1.200 bolívares de antes para comprar un solo peso colombiano. Alguien es responsable por eso.

   Así, en todos los ámbitos, el gobierno vende activos de la nación a empresas foráneas, se endeuda irresponsablemente en el exterior sin autorización del legislativo y concede parte del territorio nacional en concesión desventajosa como en la aventura del llamado “Arco Minero”, sólo por citar estos ejemplos.

    En este marco, una constitución que impone la realización de procesos electorales periódicos y el respeto de los derechos humanos resulta un estorbo para una acción de gobierno caracterizada por el autoritarismo, la represión y el desconocimiento de las leyes. La permanencia en el poder de la casta gobernante requiere una justificación normativa, una nueva constitución prêt-à-porter en la cual el abuso sea legal, la represión sea lícita y las conquistas políticas como la actividad de los partidos y el voto secreto y universal sean proscritos. No obstante, el gobierno sabe y siente su impopularidad y rechazo y, desde luego, no se aventurará a participar en ninguna elección directa. ¿Y entonces?

El parapeto

    Conscientes como están de los niveles de rechazo de que gozan, los jerarcas del régimen recurren a la experiencia política del pasado. Se trata de promover la integración de una asamblea por facciones, “la faccio” ¿recuerdan?. Sí, se trata de convocar una asamblea corporativa y tumultuaria, de fácil manejo y manipulación, integrada no por partidos políticos, ni por academias, ni por universidades, ni por gremios, ni por organismos estudiantiles reconocidos... Nada de eso, allí el gobierno -y lo sabe- sería barrido; por ello recurre a la institucionalidad paralela que ha venido construyendo, animando y financiando, incluso al margen -otra vez- de la constitución.

    De los 500 constituyentistas propuestos por Maduro este 1° de mayo, 250 serían designados por él de forma indirecta. Serían electos de entre los candidatos de las comunas, los consejos comunales, las diversas misiones, los “colectivos”, el movimiento sindical y el escuálido sector estudiantil oficialista. Allí también pretende incorporar los grupos femeninos registrados y censados por Inamujer, así como toda una faunita agrupada en un sinnúmero de células microscópicas a las cuales el régimen aspira dar beligerancia electoral a los fines de sustituir a organizaciones con fines políticos como Primero Justicia, Acción Democrática, Copei, Voluntad Popular o la Causa R, por citar algunos.

¿Y dónde se legitiman todos estos microorganismos?, pues en la estructura montada a los efectos por el gobierno, el Ministerio de las Comunas y otras instituciones que no tendrán empacho en formalizar la candidatura de los camaradas aspirantes que participarían en una elección de segundo grado, precisamente como en la Italia corporativa del fascismo del Duce Benito Mussolinni.

    Ahora bien, ¿Es legal o constitucional la convocatoria?. El artículo 347 atribuye al Pueblo de Venezuela el poder constituyente originario. Se refiere al pueblo en su conjunto, sin exclusión ni segmentación y, por otra parte, la mención “Comunal” que cita Maduro no aparece por ningún lado en el texto de ese último capítulo de la Carta Magna referido a la reforma constitucional. Adicionalmente, ya han comenzado a fluir las contradicciones jurídicas. Hermann Escarrá, miembro de la recién nombrada comisión presidencial constituyente, señaló que esta asamblea no haría cambios de fondo a la vigente CRBV, y entonces, si no cambiará en lo fundamental lo que se impone es una reforma, a realizarse por vía parlamentaria y no una constituyente.

    Asimismo, el 347 establece tres propósitos a la Asamblea Constituyente: a.- transformar el Estado; b.- establecer un nuevo marco jurídico, y c.- redactar una nueva constitución. Es decir, no uno, sino tres propósitos unidos, que no han sido expuestos en el proyecto de nueve puntos delineado el primero de mayo.

Por otra parte, si bien es cierto que el 348 atribuye al Presidente de la República la “iniciativa constituyente” corresponde al pueblo en su conjunto validar la convocatoria con sus votos, tema sobre el cual ya hay sobrada jurisprudencia tanto en 1999 como en 2007. Antes de ir a una elección de constituyentistas, es el pueblo, depositario del poder constituyente originario, quien debe convocar y aprobar -si así lo decide- las bases comiciales que fijen las reglas de ese evento.

    Da la impresión que desde el poder y bayoneta en mano se quiere saltar todos estos pasos para imponer la voluntad de cerca de un 10 % de la población por sobre un 90 % adverso o desencantado que hoy día marcha y expone su vida ante la represión generalizada, para hacer escuchar su voz de protesta y exponer su voluntad de cambio en elecciones justas, legales y, además, previstas por la aún vigente constitución que hoy se quiere desconocer con la intención de perpetuar en el poder a un sector político-militar al cual cabe el epíteto de “cúpula podrida”,  para quien la constitución y las leyes son un telón decorativo que se puede correr y descorrer a voluntad.

"Votos sí, bombas y balas no" es el clamor de un pueblo 
que exige en la calle su derecho a ser libre

    El fraude constitucional está montado, en curso y hay que desmontarlo, denunciarlo y enfrentarlo. En estos días, la población más que un maquillaje constitucional que atornille a la dictadura, exige libertad: libertad para elegir conforme a lo previsto en la Constitución; libertad para los presos y exiliados políticos; libertad para producir y trabajar sin presiones y con respeto a la propiedad; libertad para el cabal ejercicio de poderes legítimos como la Asamblea Nacional; libertad de expresión, destierro de la censura en todas sus formas... Libertad para buscar la verdad que se nos oculta o se nos enmascara, porque, al final de cuentas, sólo la verdad nos hará libres.  


sábado, 28 de enero de 2017

Cambalache del Siglo XXI

Luis M. García. P.


Cambalache. Retrato musical de una época que aún persiste, 
en versión de Joan Manuel Serrat


“Que el mundo fué y será una porquería, ya lo sé, en el 506 y en el 2000 también...” Así inicia el compositor argentino Enrique Santos Discépolo su clásico tango Cambalache, inmortalizado por figuras como Carlos Gardel y más recientemente por el poeta catalán Joan Manuel Serrat, entre otros. El texto de esa pieza musical es una disección, un diagnóstico crudo y realista, no sólo de la sociedad de cualquier época, sino de la propia condición humana.

En esta radiografía de su tiempo, el autor sostiene: “Pero que el Siglo XX es un despliegue de maldad insolente ya no hay quien lo niegue”, y repasando ese sintético análisis sociológico en verso arribamos a la conclusión de que poco hemos cambiado ese panorama en los años que corren del presente Siglo XXI.

Ciertamente el Siglo XX fue una centuria traumática y convulsa, la evidencia reunió en su catálogo dos guerras mundiales, la Guerra de Korea, la de Vietnam, y la Guerra Fría, atípica modalidad de conflicto entre superpotencias que, una que otra vez, mantuvo en vilo la supervivencia de la especie humana ante la potencial amenaza –aún no conjurada– de una conflagración nuclear.

En compensación, sin embargo, el pasado siglo deparó al género humano más avances y mejoras al nivel de vida que los 19 siglos precedentes de la historia contemporánea y, por supuesto, que los previos a la era cristiana. Para muestra bastará una apretada síntesis de esa herencia de novedades y progreso:

Fué el Siglo XX el escenario de inventos como la televisión, la internet, el desarrollo de la aeronáutica y las telecomunicaciones, la llegada del hombre a la luna, los transplantes de corazón y otros órganos, el empleo de la penicilina y otros antibióticos, la píldora anticonceptiva, la ingeniería genética, y tantos etcéteras que hoy integran el entorno de confort que caracteriza al estilo de vida del hombre de este tiempo, reivindican, en buena medida, a ese siglo XX tan vituperado por algunos.

Ahora bien, este desarrollo espectacular de la ciencia y la técnica, evidenciado en el crecimiento de los diversos medios de comunicación social, ha puesto de manifiesto, igualmente, el estancamiento y en algunos casos el retroceso del componente espiritual, moral y ético que conforma esa parte intangible pero relevante de la persona humana y de las sociedades en su conjunto. ¿Somos acaso mejores seres humanos que nuestros abuelos?, ¿hemos avanzado o involucionado en el plano ético? Hay que buscar una respuesta.

También en ese plano debemos admitir algunos importantes avances: Ya el género humano no justifica prácticas como la esclavitud y ningún estado la legitima como en el pasado. Desde 1948 las Naciones Unidas adoptaron como propio el reconocimiento de los 30 derechos humanos fundamentales que incluyen, entre otros, el derecho a la vida, a la libertad, a la identidad, salud, educación, libertad de expresión y religión, tránsito y otros, declarando la progresividad del goce de estos derechos. 

Asimismo, cada vez más naciones proscriben en su legislación normas como la pena de muerte, las torturas y penas infamantes, los tratos crueles y degradantes, la desaparición forzosa de personas, etc. e imponen sanciones a quienes incurren en tales desviaciones, aunque no siempre la norma y la voluntad política coincidan con la vigencia real de tales propósitos: pero se avanza.

También las sociedades se han hecho más tolerantes y abiertas en el ámbito cultural y religioso, aún confrontando al fundamentalismo de algunos credos que pugna por imponer sus esquemas ideológicos y dogmáticos al resto del mundo. Satisface advertir que a pesar de los prejuicios raciales persistentes, se hayan producidos hechos significativos como el ascenso al poder de Nelson Mandela y su partido en Sudáfrica y la recién concluída presidencia durante 8 años del afroamericano Barack Obama, nada menos que en los Estados Unidos, la cuna del Ku Klux Klan. 

Los oscuros días de la segregación racial, contrastados con la presidencia de Barack Obama ¿volverán con Trump?

Otras áreas en las cuales se perciben logros incluyen la cada vez más amplia participación de las mujeres en la gestión pública y privada, demostrando su capacidad para cumplir tareas tan bien o tan mal como los hombres: Ángela Merkel en Alemania y Michelle Bachelet en Chile son apenas dos ejemplos actuales de esta creciente presencia femenina en el poder.

La legislación sobre derechos de los niños y la apertura a la diversidad sexual, entre otros aspectos, dibujan un panorama que pudiera interpretarse como optimista de cara al tránsito por los días del corriente Siglo XXI.

Migraciones suicidas, ante el horror de la guerra
y el hambre, invaden Europa
No obstante, también ya entrada la segunda década del siglo, el mundo advierte con estupefacción la tragedia cotidiana que viven cientos de miles de refugiados que, huyendo de la guerra y del hambre, exponen sus vidas a bordo de pequeñas, endebles y sobrecargadas “pateras” que cruzan el Mediterráneo y otros mares en busca de vida, libertad y nuevas oportunidades en Europa, enfrentando allí –quienes sobreviven y logran llegar–  el rechazo xenófobo de poblaciones que ven en riesgo el estado de bienestar logrado a costa de muchos años de trabajo y sacrificios. 

Ahora bien, (o ahora mal) lo que va del primer tercio de este siglo no se presenta muy auspicioso. Amén de no haberse producido ningún invento o descubrimiento que impacte los cimientos de la sociedad o la cultura universal, todo parece apuntar a un retroceso histórico cuyas consecuencias son aún impredecibles. En los Estados Unidos acaba de asumir la presidencia ese personaje atrabiliario llamado Donald Trump; en Rusia, por su parte, el señor Vladimir Putin, envuelto en su añoranza del imperio soviético juega a retomar la guerra fría, todo esto con la ayuda indirecta de esa otra oscura figura de Norkorea, Kim Jong-un, quien a costa del hambre de su pueblo invierte en misiles balísticos y en el desarrollo de un arsenal nuclear. Todo un elenco para pensar: Trump, Putin y Kim Jong-un.

En segunda fila complementan este cuadro figuras como Bashar Al-Assat en Siria, Robert Mugabe en Zimbawe, Recep Tayyip Erdogan en Turquía y organizaciones como Boko Haram y el Estado Islámico ISIS en el norte de África y ahora con presencia en Europa y EE.UU.  En América Latina el pronóstico no esa más esperanzador: con ejemplares como Daniel Ortega en Nicaragua y Nicolás Maduro en Venezuela. De este último sabemos mucho y no es difícil asociarlo al cambalache moral, ético y político que invade a este país. 

Cambalache a la venezolana 

Probablemente sea Venezuela la prueba más palmaria del vertiginoso retroceso que experimenta el planeta en lo que va de siglo. No parece haber área o rubro donde el país no haya sufrido un progresivo descenso cuya resultante es, hoy por hoy, un marcado deterioro en la calidad de vida del venezolano promedio que ha visto mermar además de su poder adquisitivo, su acceso a los servicios más elementales, mientras que la vida cotidiana se convierte en un episodio de terror y suspenso como consecuencia de una inseguridad cuya cifra reportó al final de 2016 más de 28.500 víctimas mortales de una violencia criminal que se enseñorea, impune, en todos los espacios, todos los días y a toda hora.

De esta dramática situación dan cuenta los diversos medios internacionales acreditados en el país y los muy pocos medios de comunicación independientes que van quedando en este territorio, alejado cada vez más de la convivencia civilizada y de las más elementales prácticas democráticas 

Aquí, en Venezuela, como refiere el tango, “es lo mismo ser derecho que traidor” aunque éstos últimos han sido legitimados con el eufemístico mote de “patriota cooperante” y hemos vuelto al status de que “todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor” como saldo del acoso implacable que el gobierno nacional ha impuesto a las universidades autónomas, sometiéndolas a una suerte de estado de sitio presupuestario que ha comprometido severamente su funcionamiento. “No hay aplazados ni escalafón, los inmorales nos han igualado” señala cuasiprofética una estrofa de Cambalache.

No es el caso discurrir sobre lo que es claramente evidente: la crisis institucional de la república palidece ante las cada vez más frecuentes escenas de familias enteras hurgando en la basura en busca de restos de alimento, mientras otras esperan y desesperan en las morgues abarrotadas por la entrega del cadáver de su familiar asesinado por quien no pagará por su delito. Un poco más abajo, o más arriba, cientos de hombres, mujeres, niños y ancianos hacen largas filas, aterrados y ansiosos, en espera del alimento que no llega o de la medicina o el artículo cualquiera en una nación donde escasea de todo, incluyendo vergüenza y dignidad.

Fusiles y uniformes al servicio de la represión y la demolición ética del país
Esto es lo realmente grave. Sometido a la cotidiana humillación de las colas para todo, surge un nuevo segmento social, el de los revendedores, llamados aquí “bachaqueros” en general activistas políticos que integran el último eslabón de una cascada corrupta que encabezan generales a quienes como un botín se les asignó, uno por uno, la distribución de los rubros alimenticios esenciales que, merced a estas redes, llegan a la gente con precios abultados y en cantidades deficitarias. 

Aceite, arroz, azúcar, café, detergentes, harina de maíz, pasta, pañales desechables y hasta papel higiénico forman parte del abecedario de la escasez cotidiana que sufre el venezolano, mientras el discurso del poder se regodea en cadena nacional de radio y TV en el anuncio de unos beneficios y conquistas sociales que sólo llegan a reducidas cúpulas y que para la gran mayoría constituyen una fábula indignante que invita al descontento y la protesta.

Pero esto no es todo. “Da lo mismo el que “labura” (trabaja), día a día como un buey, que el que vive de las minas, que el que roba, que el que mata o está fuera de la ley”. Pareciera que Santos Discépolo viviera en la Venezuela de hoy donde “lo mismo es un señor, lo mismo es un ladrón”, todo ello ante la cantidad y la cuantía de sujetos que, luego de reunir expedientes penales y administrativos, hoy ostentan cargos relevantes y fungen como líderes sociales y modeladores de la conducta de los ciudadanos. 

En este cambalache ético y moral nos han mezclado a Bolívar con Boves y Zamora, a Jesucristo con Fidel Castro, a los paleros con el Papa, al Che Guevara con José Gregorio Hernández y pare usted de contar, en un inducido sincretismo ideológico-religioso que persigue desmantelar las bases culturales, políticas y éticas de un pueblo al que se ha querido dominar por todos los medios: el engaño, la represión y ahora el hambre y más represión.

En línea con lo expuesto en Cambalache, se ha querido transmutar los términos, modificar el lenguaje para justificar las acciones más viles y canallescas: se crean “zonas de paz” donde gobierna la delincuencia; se arma a grupos paramilitares y parapoliciales en nombre de la paz y el orden y se establece toda una estructura clientelar para administrar una suerte de apartheit que privilegia, por sobre la condición de ciudadano, la lealtad partidista, la sumisión a las cúpulas en el poder y la obediencia ciega a las nuevas reglas impuestas en orden a la racionalidad de la llamada quinta república.

Con estupor e incredulidad, el mundo se asoma por las escasas rendijas que aún quedan para mostrar la realidad de esta otrora nación rica y democrática, a pesar de sus lunares, Pero si ello no fuera suficiente, los pueblos de los cinco continentes reciben a cada vez más venezolanos, la mayoría de alta calificación profesional o técnica, que como los sirios o iraquíes, huyen de su patria para salvar la vida, sus bienes o buscar alguna oportunidad de futuro para sus hijos.

Venezuela se ha descapitalizado integralmente: su economía está colapsada y su talento humano se dispersa por todos los rincones del orbe mientras, puertas adentro, las mafias del narcotráfico se disputan el poder moviendo sus fichas en el desvencijado tablero de la política interna, a la vez que negocian con las multinacionales que dicen adversar las concesiones de oro, diamante y otros metales y recursos estratégicos. El país es un botín y un centro de operaciones de los cárteles de la droga con casi 30 millones de rehenes adentro. 
Las sentencias de la Sala Constitucional del TSJ en 2016 constituyen la antología
del socavamiento moral mediante el empleo del derecho como instrumento político

En medio de este pandemonium se nos quiere contar otra historia. Los asesores foráneos del régimen, bien pagados con los petrodólares de la nación, promueven el empleo de una neolengua que apunta a la demolición de los valores y principios que hasta el presente han constituido nuestro gentilicio. Ahora son patriotas quienes patrocinan la presencia cubana, china, rusa, etc. Hasta en el seno de las empresas estratégicas y en las Fuerzas Armadas.

En el plano doméstico, los ciudadanos se ven impelidos a cometer delitos “porque no hay razones para no hacerlo” o como reza el tango: “a nadie importa si naciste honrado”. El clima de agresividad se percibe en las relaciones más elementales: el transporte, los automercados, las aceras, al punto que pareciera que todos somos enemigos de todos. Las más elementales normas de cortesía y urbanidad se obvian y la consigna parece ser “sálvese quien pueda”. 

Así está la Venezuela de hoy: “igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches”. A los aún sobrevivientes de este desmadre en curso nos toca una nada sencilla tarea: resistir, constituirnos en una reserva moral y ética que pueda ser referencia viva para quienes asuman, más pronto que tarde, la reconstrucción política, física y espiritual de esta tierra devenida en “Tierra de Desgracia”. Sin claudicar, sin cansarse ni desmoralizarse, sin arriar banderas, a pesar de las caídas, los errores y los retrocesos, sin cambiar nuestros valores por espejitos en forma de carnets o tarjetas plásticas, con paciencia y con prudencia; y sobre todo, con fe, con fe en Dios y en nosotros, en la razón que nos asiste y en el deber histórico que tenemos de legar un país libre y en trance de recuperación. 


No es la hora de los héroes ni se requieren superpoderes, basta con ejercer nuestra ciudadanía con decencia y compromiso y con participar, superando la apatía y el desánimo en las pequeñas tareas que la liberación del país demanda. Así, grano a grano, paso a paso, con constancia y sin desmayar, desmontaremos el cambalache en el que nos han mezclado. No será fácil, pero sólo de nosotros depende.