lunes, 25 de julio de 2016

Se agrava el deterioro de la calidad del agua que consumimos (I)


            A pesar de los frecuentes anuncios del Ejecutivo Nacional, de crear el Plan Nacional del Agua, reorientar el trasvase que transfiere agua del Lago de Valencia al embalse Pao-Cachinche, y de las amenazas de la Fiscal General de enjuiciar a quienes hablen del tema, lo que brilla por su ausencia son las obras y los resultados concretos en beneficio de la salud pública. Escasez, racionamiento y mala calidad son las notas distintivas del actual servicio de agua en el país.
Luis M. García P.

            El agua es vida”, rezaba el slogan del desaparecido Instituto Nacional de Obras Sanitarias INOS, antecesor de lo que hoy conocemos como Hidroven, ente centralizador de las hidrológicas regionales en Venezuela. Para ratificar esta premisa, se realizaron en el país numerosas obras de saneamiento ambiental que incluyeron la construcción de acueductos, plantas potabilizadoras, el Sistema Tuy I, II y III, así como los embalses que permiten el tratamiento del agua cruda para convertirla en un producto industrialmente procesado y saneado que es el agua potable que llega finalmente a nuestras casas.
            Para este propósito, el Estado venezolano efectuó sustantivas inversiones que permitieron superar diversas enfermedades endémicas que padecía nuestra población como la disentería, las fiebres tifoideas, el temible cólera y otras generadas por la ingesta de agua sin el debido tratamiento. Adicionalmente, al líquido servido por nuestros sistemas de distribución se le incorporó una dosis de fluor, con lo cual se contribuía a la prevención de deficiencias dentarias como la caries en la población.
            Todo este esfuerzo de Estado, que se inició en los años 40 de la mano de las exitosas campañas antipalúdicas dirigidas por el doctor Arnoldo Gabaldón, y que se sostuvo durante las décadas de los 50, 60 y 70 del pasado siglo XX, comenzó a confrontar dificultades a final de los 70 y principios de los 80 en virtud de la confluencia de un conjunto de factores que incluyeron la creciente industrialización del país, particularmente asentada en la región central, así como el incremento sostenido de la población, lo cual condujo a que se rebasaran las capacidades de la infraestructura sanitaria instalada hasta entonces.
            Adicionalmente, y como consecuencia de estos factores, el Lago de Valencia, conocido también como “Los Tacarigua”, que por décadas había venido reduciendo su caudal, comenzó a crecer, producto del vertido de aguas contentivas de desechos industriales, así como del sistema de aguas servidas de la capital carabobeña que fue a dar a él. Todo ello condujo a un crecimiento del volumen de agua del lago, lo cual se constituyó en una real amenaza a urbanismos que se construyeron en las riberas del lago, como los ya célebres La Punta y Mata Redonda, en Aragua, actualmente inundados por el caudal del lago valenciano: todo ello sin contar la presencia de las aguas en el espacio que ocupa el viaducto de La Cabrera, a la salida del túnel homónimo, hoy amenazado por esta situación.
            A causa del crecimiento acelerado del caudal del lago, que ya compromete la seguridad de numerosos asentamientos urbanos, tanto en Aragua como en Carabobo, las autoridades del extinto Ministerio del Ambiente dispusieron el desvío de las aguas del Río Cabriales, principal arteria fluvial de la gran Valencia, para lo que se hizo un trasvase a través del cual una importante porción de aguas residuales se dirigen al embalse Pao-Cachinche, ubicado entre el sur de Carabobo y el norte de Cojedes.

Recrudecen enfermedades gastrointestinales
            No obstante, esta medida ha sido insuficiente y el Lago de Valencia sigue creciendo, por lo cual se ha incrementado el volumen de agua trasvasado al embalse que, por otra parte, sirve como surtidor de agua a las poblaciones de los estados Carabobo, Aragua, Cojedes y parte de Guárico, todo lo cual suma más de tres millones de personas.
            Esta situación se ha venido agravando al punto que las plantas potabilizadoras “Alejo Zuloaga” y “Lucio Baldó Zoules” que filtran y purifican el agua proveniente del embalse Pao-Cachinche se han visto rebasadas en su capacidad procesadora. El embalse, a consecuencia del trasvase, trae del Cabriales y del lago una enorme cantidad de materia orgánica constituida por desechos sólidos, materia fecal, animales muertos, etc. pero, adicionalmente, el caudal bombeado al Pao-Cachinche posee un alto contenido de residuo de metales pesados, vertidos originalmente al lago por las numerosas industrias instaladas en su cuenca. Ante esta alta concentración de elementos químicos contaminantes como plomo, arsénico, aluminio, fósforo y otros, poco puede hacer la cantidad de cloro que se agrega al agua para potabilizarla, al punto de que ya el propio Ministerio del Ambiente, devenido ahora en despacho de Ecosocialismo y Agua, ha admitido que la potabilización del agua del embalse carabobeño “no puede hacerse por métodos convencionales” pero hasta ahora no se emplea ningún otro procedimiento.


            Por supuesto que este preocupante cuadro que amenaza la salud pública y afecta, sólo en principio a más de tres millones de habitantes de la región central del país, ha sido ventilado ampliamente en los diversos medios de comunicación, tanto del centro como del territorio nacional. Desde éstos se han hecho numerosos y sostenidos llamados de atención para que las autoridades competentes adopten medidas que enfrenten las causas que ya, en el presente, generan el malestar de numerosas comunidades que reciben en sus hogares un agua con tono oscuro, sabor salobre o ácido y olor desagradable; pero la solución no parece estar a la vuelta de la esquina. El problema además de grave, es de muy compleja solución y, por el contrario, amenaza con extenderse al resto del país, incluyendo la capital de la república, donde ya se advierten los indicios.
            Debido al exceso del volumen de agua del Lago de Valencia, que tiende a superar la cota de 408 metros como se encuentra en la actualidad para acercarse a la cota máxima de seguridad, estimada en 412 metros, se ha iniciado un bombeo hacia el Valle del Tucutunemo en Aragua y al embalse de Camatagua, que surte al Sistema Tuy que sirve a Caracas. En otras palabras, se disminuye un problema redistribuyéndolo a más regiones. De esta manera, los afectados por la dudosa calidad del agua ascenderían de 3 a 20 millones, pues se incorporarían las poblaciones de la gran Caracas, Miranda y Vargas.

Las voces de alerta

            Ante las constantes denuncias de la población, reflejadas en la prensa del centro y la capital del país, se constituyó en Valencia la Asociación Civil Movimiento por la Calidad del Agua, ONG que agrupa a ingenieros y otros especialistas que han motorizado una campaña informativa en la cual se han involucrado entes como el Colegio de Ingenieros de Venezuela, la Universidad de Carabobo, la UCV e incluso la Comisión de Ambiente de la Asamblea Nacional, entre otras.
            En tal sentido, el ingeniero sanitarista Manuel Pérez Rodríguez, miembro fundador del Movimiento por la Calidad del Agua y directivo del Colegio de Ingenieros de Carabobo, ha señalado que “Inexorablemente el lago continuará en ascenso porque en los meses de lluvia la cantidad de agua es infinitamente superior a los 17.400 litros por segundo que pretenden sacar con el incremento del bombeo. Esta decisión tampoco toma en cuenta –afirma Pérez Rodríguez- la capacidad hidráulica de los ríos Patio y Pao, los cuales en verano, vierten un caudal de 1.300 l/seg.  Artificialmente se les han agregado por las aguas servidas de los municipios Naguanagua y Valencia algo más de 6 mil litros por segundo. Imaginen si a esto se le añaden unos 17.400 litros por segundo” Ratifica Pérez Rodríguez.
            Todo parece indicar que los desbordamientos denunciados en la vía Valencia-Güigüe, así como en varios sectores urbanizados de Aragua y Carabobo obedecen a esta circunstancia.
            Pedro Escarrá, expresidente del Instituto para la Conservación del Lago de Valencia, plantea que el aumento del volumen de líquido trasvasado del Lago hacia el Río Pao, estimado en cerca de 18 mil litros por segundo, lo cual triplica el bombeo de la actualidad: 5600 lps, sin el tratamiento adecuado, agravaría la situación precaria de los embalses que surten al Acueducto Regional del Centro y la contaminación en el Pao-Cachinche se extendería a la etapa 2 del Pao-La Balsa que abastece al Estado Aragua.
            Por otra parte, Andrés Perdomo, técnico de la Comisión de Ambiente de la Asamblea Nacional declaró a un medio de comunicación que “El 75 % del agua que llega a los hogares venezolanos está contaminada” lo que atribuye, entre otros factores, al mínimo mantenimiento que reciben las tuberías que conforman el sistema de distribución del líquido. Para Raquel Hernández, asesora al servicio de la Subcomisión de Aguas de la A.N. se está vertiendo más cloro residual en el Pao-Cachinche a fin de contrarrestar la contaminación por materia orgánica del embalse; no obstante, este exceso expone a la población a contraer otros padecimientos de salud como consecuencia de la ingesta de trihalometanos, que son compuestos químicos volátiles producto de la mezcla del cloro y la materia orgánica, lo cual se constituye en una suerte de veneno de acción lenta que afecta la salud de los ciudadanos. Y a esto debe agregarse la alta concentración no sólo de materia orgánica sino de metales pesados que se mantienen en el líquido.
            En una declaración suministrada en Valencia, el Diputado al Consejo Legislativo de Carabobo, Germán Benedetti, sostuvo que la contaminación del Lago de Valencia obedece, en mayor medida, a las aguas servidas provenientes de Aragua, de la cual unos 3 mil litros por segundo se están enviando, a través del Tucutunemo, a La Mariposa y Camatagua, que sirven a la gran Caracas
            La bióloga Yhilda Paredes afirma que si se iniciara hoy la recuperación del embalse Pao-Cachimche, al menos se requeriría de nueve años para su rehabilitación. Explica Paredes que “por la salinidad, el sulfato de aluminio no cumple su proceso, el cual se inicia con la atracción de partículas en suspensión que forman un grumo, lo que es llamado “coagulación”, y que debe estar seguido por la floculación y sedimentación. Esto no ocurre y el grumo se hace pesado, cae al fondo y se vuelve liviano y pasa entonces a filtración por reboce, y como los filtros no están en buen estado, se va y termina sedimentándose en nuestros hogares”.
            Explica Paredes que “si dejas el agua en un recipiente, en el fondo queda ese sedimento amarillo, cuando éste debería quedar en la planta de potabilización y allí están las partículas que debiéramos retirar para que el agua sea potable. Ahí van las cianobacterias, el aluminio, nitrógeno y fósforo, todos elementos nocivos para nuestra salud”.
            Indica Yhilda Paredes que la consecuencia directa para la salud de los consumidores es que el aluminio residual afecta la parte motriz y el sistema nervioso, mientras que el nitrógeno y el fósforo son nutrientes para el desarrollo de cianobacterias que ocasionan daños a la parte hepática, nerviosa y la piel, en particular la dermis.


            A estas advertencias se suma el resultado del estudio dirigido por la doctora Lorena Benarroch, quien al frente de un equipo médico multidisciplinario logró establecer que la ingesta de agua contentiva de metales pesados añade un peligroso factor de riesgo de autismo en niños, conociéndose ya algunos casos concretos. El citado estudio ha sido expuesto en diversos foros patrocinados por el Colegio de Ingenieros de Venezuela y por sociedades médicas del país.

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