sábado, 6 de agosto de 2016

Veinte millones de venezolanos sufren impacto del agua contaminada (II)



Mientras el Ministro Luis Motta Domínguez denuncia múltiples sabotajes, algunos atribuidos a iguanas y otras especies, el descenso de los embalses compromete, además del servicio eléctrico, la salud de la mayoría de la población.
Luis M. García P.
 

Como continuación del texto anterior, referido a la calidad del agua potable que consumimos los venezolanos desde hace ya algunos años, mostramos una panorámica de las regiones y sus circunstancias particulares y sugerimos algunas medidas profilácticas que, si bien no conjuran totalmente los riesgos, ayudan a disminuir los efectos que provoca la continua ingesta de un agua cuya pureza está en entredicho.

Una crisis generalizada

            A la delicada situación generada en el centro del país, que se extiende como una metástasis cancerosa a los estados vecinos, se añaden problemas particulares, no menos graves que comprometen la calidad del agua para consumo humano que se distribuye en todo el país. En los 4 puntos cardinales de la nación se reportan episodios de contaminación: en el Lago de Maracaibo, en el Caroní, y en oriente se generan problemas de diversa índole e incluso en Margarita, dependiente de tierra firme, las tuberías que llevan el agua a la isla sufren de numerosas fugas consecuencia de la corrosión y la falta de mantenimiento de esos conductos.  


En el Zulia la contaminación y salinización del lago, aunada a la presencia de la bora y la lenna, han comprometido al principal reservorio de agua dulce de la región occidental del país. A ello se suman los sucesivos derrames petroleros en ese humedal, lo cual afecta la biodiversidad lacustre y, en especial la pesca y otras actividades económicas derivadas de la explotación sostenible del ecosistema. Sin embargo, la puesta en servicio de una nueva planta de tratamiento en el Zulia ha venido favoreciendo la mejor distribución del vital líquido, al menos en la metrópolis marabina.

            En la región Guayana, según denuncia la exdiputada y activista del Movimiento Ecológico Venezolano, Pastora Medina, no hay una planta potabilizadora de agua. Además, hace varios años que no se realizan estudios de impacto ambiental particularmente en el Río Caroní, afectado severamente por los derrames de fuell oil y otros combustibles. También desde hace mucho tiempo se viene insistiendo en establecer controles a la minería ilegal que vierte grandes cantidades de mercurio en los cauces fluviales. No es casual –sostiene Medina- que Bolívar sea la entidad donde se produce un alarmante repunte de enfermedades estomacales y virales, particularmente en la población infantil.

            En la región oriental la contaminación de las aguas se agravó severamente como consecuencia del desastre ambiental acaecido en febrero de 2012, cuando, como producto de un accidente en el complejo petrolero de Jusepín, Estado Monagas, más de 80 mil barriles de petróleo fueron a dar al Río Guarapiche, fuente que nutre a la planta potabilizadora de San Vicente, o del Bajo Guarapiche, que sirve a Maturín y casi todo Monagas. Este percance, además de generar la suspensión del servicio en un 60 %, afectando a más de 600 mil monaguenses, provoca un severo desequilibrio ambiental en la región, afectando el caudal de otros cauces de agua como el Río San Juan y generando la muerte a miles de peces, lo cual continuó ocurriendo por meses. Todo ello sin contar que el agua que llega aún hoy a los hogares monaguenses presenta características que revelan presencia de una sustancia aceitosa que ni las plantas de tratamiento logran eliminar del todo.

Los nuevos anuncios

            Entretanto, y en medio de la crisis que también abarca la distribución del agua, los voceros del nuevo Ministerio de Ecosocialismo y Agua, han rechazado la denuncia sobre “desastre ambiental”, calificándolo como “un accidente” cuyas consecuencias están siendo enfrentadas. En ese contexto, la empresa Petróleos de Venezuela, responsable del complejo refinador de Jusepín, adelantó operativos de limpieza y recolección del petróleo vertido, el cual se desplazó a razón de 40 Kms. diarios, a lo largo de al menos 140 Kms. de cauce fluvial, constituyendo, según diversos especialistas y medios de prensa, el desastre ambiental de mayor magnitud en los últimos 80 años. 

            En tal sentido, el Presidente Nicolás Maduro anunció la creación de la comisión presidencial para optimizar los servicios de agua, dirigida por el Vicepresidente Ejecutivo, e integrada por el Ministro de Ecosocialismo y Agua, y los gobernadores Adán Chávez, de Barinas; Ramón Rodríguez Chapín, de Guárico, y Nelson Moreno, de Anzoátegui, además de representantes del despacho de la Defensa. La citada comisión debería instrumentar el llamado Plan Nacional del Agua y, según el anuncio, superar las fallas en distribución y calidad del líquido, las cuales ya en 2011 afectaban al 80 % de la población, sin que para el corriente 2016 hayan mejorado.




Entre “El Niño”, la sequía y la falta de mantenimiento
¿Qué hacer?

            El país contamina sus aguas por los cuatro costados. De norte a sur y de oriente a occidente, los problemas de calidad del líquido se acentúan mientras en las regiones se debate en cuanto a las alternativas de solución a adoptar en cada caso. 

           En Carabobo, por ejemplo, se plantean opciones como reorientar el trasvase hacia Aragua o sacar el volumen excedente hacia el mar. En este marco, el Gobierno Nacional ha anunciado la reorientación del trasvase, así como medidas accesorias de ingeniería para apuntalar el Puente de La Cabrera, cuyas bases están actualmente inundadas y en las cuales trabaja el Ministerio para el Transporte Terrestre; salidas que, en todo caso, solo son paliativos al problema de fondo. 

         En Oriente y Guayana fluyen denuncias y planteamientos mientras que los entes nacionales, quienes centralizan la gestión ambiental en el país, no anuncian una política de saneamiento ambiental integral ni tampoco emprenden acciones de fondo que resuelvan la contaminación que, hoy por hoy, presentan la mayoría de los cuerpos de agua del territorio nacional, poniendo en riesgo la salud de toda una población que, sin alternativas, consume a diario el lento veneno que, silenciosamente, nos enferma sin que al parecer, haya dolientes por ello.

            En este contexto, a los ciudadanos sólo nos queda, por ahora, extremar las medidas profilácticas en relación al filtrado y a hervir el agua que consumen nuestras familias, así como adquirir agua mineral, la cual en muchos casos, es extraída de pozos y manantiales y es tratada según las normas sanitarias internacionales. Todo ello mientras se instrumentan soluciones estructurales a la situación que actualmente atravesamos.